La casa de los tres fantasmas

La noche es tranquila y el cielo deja ver miles de estrellas. El profesor Herrero y Francisco caminan por un oscuro camino en dirección a una vieja casa que asoma entre un mar de sauces llorones. El caserón está rodeado por un muro de piedra y el acceso al jardín se hace posible gracias a una puerta de hierro oxidada por la que se puede pasar a duras penas.

Francisco quiere encontrar a la dama blanca o, mejor dicho, al espíritu de la dama blanca. Van cargados con todo el material necesario, sensores y cámaras para captar cualquier presencia que no pertenezca a este mundo. De pronto, el sensor de la tercera planta suena. El profesor sube a las plantas superiores mientras Francisco vigila desde la planta baja a través de los monitores. La diferencia de temperatura entre las plantas indica que la dama está ahí, con el profesor. Algo pasa en el suelo, el profesor sigue subiendo pisos, el sensor percibe un ligero movimiento cerca, muy cerca. Pero deben andarse con mucho cuidado, porque dentro aquellos muros, nada será lo que parece.

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