Conflicto para cuatro

Richard Levin tenía 28 años y un fuerte dolor de estómago por no haber probado bocado en todo el día. Allí, en aquella esquina en la 2nd Avenue del centro de Los Ángeles, no sabía que decisión tomar con los cinco dólares que le quedaban en el bolsillo. Podía comer algo y llenar el estómago o sentarse en la cómoda silla del barbero a que le afeitaran aquella barba desastrosa. Finalmente decidió ir a la peluquería y el destino quiso que, en la puerta, se encontrara con su viejo amigo Peter Osbourne.

Richard estaba pasando un mal momento, sin trabajo y sin dinero, pero Peter llegaba para cambiarle la vida y proponerle hacerse socios.

Aquella noche los dos amigos fueron a cenar juntos al viejo apartamento de Peter, donde vivía con su hermana Laura. Los tres recordaron divertidas anécdotas que vivieron en el pasado, rieron y bebieron. Richard iba recuperando, con cada bocado, el entusiasmo por la vida, las ganas de hacer cosas, la esperanza de un futuro mejor.

Peter se puso serio, tocaba hablar de negocios y advierte a Richard de que lo que le va a proponer es un negocio sucio, al margen de la ley ¿tráfico de armas? ¿de drogas? Pero no se trataba de eso, se trataba de algo con más riesgo: el tráfico de personas. Peter le propone a su viejo amigo que, junto con Laura, lleven a cabo un secuestro. ¿Aceptará Richard el negocio?

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